El fascinante mundo del pensamiento creativo: ¿Cómo lo fomentamos en nuestros niños?

Cheerful Preschoolers Painting

Nancy González Gea

Cuando escuchamos la palabra creatividad, de inmediato se nos viene a la mente un pintor famoso, quizá un músico, o un escultor. Por defecto, relacionamos la creatividad con las manifestaciones artísticas y creemos que es sólo en ese ámbito donde podemos encontrarla. Entonces, si un niño no dibuja bonito o hace algo extraordinario en el papel, no es creativo.

La realidad es que la creatividad puede estar presente en todos los ámbitos de la vida y sus manifestaciones son muy variadas. Pero ¿qué es la creatividad?

En un intento por reunir las diferentes definiciones de los expertos, diremos que es la habilidad para encontrar soluciones originales, producir pensamientos innovadores ante cosas cotidianas o crear cosas fuera de lo común.

Tu niño jugaba con un avión que le regalaron en su cumpleaños, se cayó de sus manos y sus alas se rompieron. En el fuselaje quedaron dos pequeños huecos. Tras observarlo unos momentos, el pequeño fue a la cocina, abrió un cajón, tomó dos palitos planos de madera de los que usas para hacerle sus paletas heladas y los insertó en los huecos del fuselaje. Los palitos no fueron creados para eso, pero él usó su creatividad y los convirtió en las alas que le faltaban a su avión. Solución innovadora, original, fuera de lo común. Asunto resuelto.

Este tipo de pensamiento está presente de manera natural en todos, en menor o mayor medida y cada uno puede ser capaz de desarrollarlo de forma intuitiva o no, pero siempre es mejor estimularlo, así que no te pierdas lo que viene, porque son ideas y actividades para que motives la creatividad de tus niños.

1. Fomenta la independencia

Esta primera sugerencia puede parecer obvia, pero es la clave de todo lo demás. Los niños son curiosos por naturaleza y les gusta explorar. En sus dos primeros años de vida difícilmente te pedirán ayuda para algo, simplemente van y lo intentan. Permite que sigan así. Cuando no saben cómo hacer algo, buscan la forma y es así como su pensamiento creativo se desarrolla, pero si se los haces, ese proceso se frena.

Por supuesto, no siempre van a encontrar la forma, principalmente porque aún están en maduración muchas cosas, como su motricidad fina y gruesa o la integración de sus sentidos, pero el esfuerzo, el permitirles pensar un poquito, es una especie de entrenamiento a su creatividad, además de un empujoncito a su autoestima.

2. Dales responsabilidades

Esta es la segunda fase de la independencia. Ellos se sentirán importantes si eres tú quién les dices “ayúdame a… por favor”. Pero no les digas cómo. Quizá te hayan visto hacer algo antes y sepan qué hacer, pero quizá no. Déjalos resolverlo. Si te preguntan, no les des la respuesta, pregúntales “¿cómo crees que se puede hacer?” “¿qué se te ocurre?” Si no les es fácil dar con la solución, dales pistas, pero no les resuelvas las cosas de inmediato. Esto también aplica para cualquier cosa que se les atraviese y de momento no sepan qué hacer.

3. Dibujen, pinten y coloreen de las formas más locas posibles

Cuando los niños son muy pequeños, sus primeros trazos son indescifrables para nosotros, pero en su imaginación están dibujando árboles, casas, personas, animales y quién sabe qué otras cosas. Así es como empieza la creatividad visual. Lo primero es no coartarlos y animarlos a seguir, aunque no entendamos lo que dibujan.

Por desgracia, cuando son escolarizados, en la mayoría de los colegios se les exige que dibujen flores o manzanas iguales a las de la muestra, que sean de determinado color y que no se salgan del contorno. Eso va minando la creatividad, porque los coloca como meros imitadores y no se les permite usar su imaginación.

Si éste es tu caso, fomenta la creatividad en casa. Que dibujen de manera libre, que sus flores sean de la forma y el color que se les dé la gana, y si quieren colorear manzanas azules y árboles rojos, déjalos. Hazlo tú con ellos y que las nubes sean amarillas y estén en el suelo y las flores caigan del cielo, los perros vuelen y lo pájaros naden.

No te preocupes, esto no impide que ellos diferencien la realidad de la fantasía, al contrario, precisamente porque saben cuál es cuál, les divierte más hacer cosas “locas”.

Y ¿de qué sirve esto? Es el fomento del pensamiento divergente, diferente, “fuera de la caja”, es decir, salir de lo establecido para buscar otros caminos que pueden ser igual de buenos o mejores.

4. Cuentos, historias, adivinanzas… todo vale

Como dije antes, la creatividad está presente en todas partes y para fomentarla en el área verbal, inventar cuentos, chistes, adivinanzas y juegos de palabras es excelente.

Puedes hacerlo de varias formas. Una es que tú empieces una historia y ellos la continúen, alternándose, o puedes pedirles que cambien un cuento que ya se saben. Para incluir el área musical, también pueden cambiar la letra de una canción conocida.

A muchos niños les encanta inventar chistes o adivinanzas. Aunque a veces no nos parezcan graciosos o no les encontremos sentido, celebrémoslo, riamos con ellos por el simple hecho de reconocer su esfuerzo y sus ganas de divertirse, así no frenaremos su creatividad y ellos se sentirán animados; conforme su razonamiento y su sentido del humor maduren, sus creaciones serán mejores.

La combinación de áreas de desarrollo también es importante. Muestrales una foto familiar antigua, la imagen de una revista o una ilustración elegida al azar y sin decirles de qué se trata, pide que desarrollen una historia sólo a partir de lo que ven. Pueden hacerlo de maneral oral o escrita.

Y luego inviertes el juego. Cuéntales o lee una historia sin que vean ilustraciones y después pídeles que dibujen algo que represente lo que escucharon. Si ya leen, elige poemas cortos para que realicen la misma actividad, y así también fomentas su comprensión lectora.

5. Hazles preguntas retadoras y profundas

A los mayores puedes involucrarlos en asuntos cotidianos para que te ayuden a resolverlos. Por ejemplo, puedes exponer de forma sencilla el problema de alguien y preguntar: “¿Tú qué harías en su lugar? ¿Qué consejo le darías? ¿Qué crees que podría hacer en caso de…?”

Éstas mismas preguntas puedes hacerlas a los más pequeños usando los cuentos que les leas antes de dormir.

Con esto, estimulas varias cosas. Primero, el razonamiento lógico y la creatividad, pues se trata de que los lleves a pensar cosas que no sean ni simples ni comunes. Después la comunicación entre ustedes, porque así se abre un canal en el que ellos saben que serán escuchados y donde su opinión es importante, lo cual también fomenta la creatividad, pues los anima a pensar para proponer.

Y ¡ojo! A veces son ellos los que nos hacen las preguntas profundas. En ocasiones podemos dar la respuesta, si se trata de campos que dominamos, pero si no, nos pondrán en un aprieto. No pasa nada. La conversación continúa cuando tú les preguntas qué piensan, ellos qué creen al respecto, qué les parece y luego das tus puntos de vista. En cualquier caso, el siguiente paso es investigar juntos acerca del tema en cuestión: libros, revistas especializadas, enciclopedias, documentales, videos e internet, son nuestros aliados.

La investigación los lleva al aprendizaje autodidacta y éste, a la creatividad, pues encontrarán formas diferentes de pensar, opiniones de expertos y conocimiento que les ayudará a formarse criterios personales para encontrar sus propias soluciones. A veces es necesario decirles cómo y la clave es que se cuestionen todo y a todos. Incluso los expertos pueden equivocarse y ellos tienen derecho a preguntarse si el autor de cierto conocimiento, de verdad tendrá la razón.

6. Anímalos a usar cosas cotidianas de manera original

Juega con ellos a cambiar el uso de las cosas que usan a diario. Una cuchara puede convertirse en una muñeca si la vistes con ropa hecha de papel y una taza se vuelve la maceta perfecta para una pequeña planta. Pero no les des la pista.

Cualquier cosa que hay en casa sirve para echar a volar la imaginación. Botellas de perfume, frascos de café, bolsas, cajas, material de oficina, cubiertos, vajillas. No necesariamente tienen que manipularlos, también pueden observarlos y luego hacer dibujos de cómo o dónde podrían ocuparlos de una forma totalmente diferente para la que fueron creados.

Un giro a la misma idea es pedirles que elijan algo que usan, por ejemplo, una mochila y que piensen cómo pueden mejorarla. Será más interesante si investigan juntos quién la inventó, cuándo y cómo, y luego, que ellos decidan qué otras cosas pueden agregarle o quitarle para hacerla más “cool”. ¿Más ideas? Pregúntales cómo sería el cuaderno ideal, que le hace falta a sus almohadas para ser “súper”, cómo mejorarían un plato o un cepillo de dientes.

7. Inventen juegos de mesa o para los días de campo

Lo mejor para fomentar la creatividad es mantenerlos alejados de la televisión y las tablets el mayor tiempo posible. Eso les dará tiempo suficiente para inventar juegos de mesa, por ejemplo, para una tarde lluviosa. Puede ser sobre cualquier tema y también se vale basarse en los que ya existen.

Por ejemplo, la Lotería. Que ellos hagan sus propias tarjetas y decoren sus planillas con nuevos elementos y figuras. Que fabriquen sus propios juegos de memoria o cambien las reglas de Serpientes y Escaleras, claro, siempre que sea antes de empezar a jugar y que todos estén de acuerdo.

Que hagan lo mismo con juegos al aire libre. Competencias de todo tipo y con diversos materiales como pelotas, globos, aros y lo que se les ocurra, pueden servir para inventar nuevas formas de divertirse. Deja que su imaginación vuele y no los limites, salvo que creas que puede ser algo peligroso para ellos.

8. Apóyate en sus intereses y gustos

La motivación siempre llega con algo que nos gusta, no con algo que hacemos por obligación. No los fuerces a hacer cosas sólo porque lo leíste aquí o se te ocurrió que sería buena idea.

Por el contrario, usa sus propios intereses. ¿Que les gustan los dinosaurios? Pues que inventen un Memorama con figuras de dinosaurio, hagan disfraces de dinosaurio con papel y retazos de tela, imaginen que la casa es una selva del periodo jurásico y sean dinosaurios todo el día.

Para aquellos que toman cursos de baile, artes plásticas y música, será interesante hacer sus propias creaciones. Me refiero a no copiar, sino a ser compositores y autores de sus propias coreografías u obras. Y quizá presentarlas en una reunión familiar o en una noche especialmente organizada para eso.

Con estas ideas ya tienes una buena base para fomentar la creatividad de los niños, y sobre todo no olvides que cada minuto del día puede darte la oportunidad de hacerlos pensar y llevarlos a buscar las cosas más raras y locas de cada situación. Esta es la clave: no hay límites y las reglas, están para romperse.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *